Por qué escribo?

Escrito inspirado en el texto del mismo título de Darío Botero Uribe

¿Por qué escribo?,

 Si no es por más, que el despertar mi sentimiento dormido de quien en su infancia, fue sentado bajo el látigo del castigo a aprender aquellas letras, (o claves misteriosas que me abrirían las puertas de un conocimiento de todo aquello que apenas podían captar mis ojos), y bajo  la amenaza no en pocas oportunidades de que sin ellas sería un fracasado; en otras, quizá, las aprendí simplemente al dejarme imbuir de toda la dulzura que ellas traían a mi vida, y a la alegría de saber que las estaba aprendiendo  de ágil manera.

 

Primero fueron sus letras, luego su lectura compuesta, y en un ir y venir del tiempo se hizo necesario que también las tuviese plasmadas en un papel;

Grande lucha tuve no lo niego, al tener que hacer mis primeras rayas, círculos y cuadrados, que fuesen en un tiempo después, tema de mi inspiración remota de tener que escribirle ahora  a lo que son mis letras; juego de vocales y consonantes, que por gracia de la enseñanza, lágrimas y risas se convirtieron en lo que ahora son mis palabras.

 

Del por qué escribo, tal ves no tenga razón; más aún, desde mis primeros tiempos, no ha dejado de ser sino mi simple cumplimiento con aquella lección que ponga fin a mis infortunios y me lleve a la gloria que solo obtendrían los de mejores calificaciones, por correctos escritos. Esto lo fui aprendiendo a lo largo del tiempo de mi corta vida, en la que 5 lustros me han servido para darme cuenta que su fin no me fue lo suficientemente claro, como para todo niño del común y corriente, que escribían su nombre, aunque no lo leyeran.

 

Pero esta escritura tenía que tener un fin específico del por qué lo hacía, incluso aunque en un principio me costase demasiado cuando comenzaban a dictarme con una metralla de palabras, que a ciencia cierta no lograba captar, dejando infinidad de tachones y huellas de las demoledoras pruebas que frustraban mis intentos de borrar o arreglar la catástrofe de  mi pésima letra y escritura, de mis pobres cuadernos,  causa de mis muchos trasnochos, regaños y exhortaciones… al pasarlos de nuevo, por no tener un cuaderno aceptable y digno que contuviera  el pensamientos de los  grandes hombres, que si sabían para qué servía la escritura.

 

La obsesión de un sentido de mi vida me llevó a encontrar en ese mágico mundo de la palabra, el refugio propicio que cobijara mis penas, alegrías y más sublimes pensamientos, y este escrito dejó de ser ya y poco a poco lo sigue haciendo, el mero cumplir con mi tarea y lección prevista para quien fuera mi profesor.

 

Comprendí que la escritura era un algo más, y bajo la motivación de la misma nota, no lo niego, pero sobretodo, por un maestro de la inspiración escrita, el profesor de español común en casi todos los colegios, abrí el  surco a la apertura de mis romances, odas, cuentos y hasta epitafios, de quien como cualquier otro, en algún espacio de su vida ha hecho su propio cuento y poesía.

 

Y ese otro que soy yo, o a lo mejor tú, que todavía te preguntas por qué escribes, si es que lo haces; o por qué lees lo que otros hacen, si es que lo haces; cuestiónate…, sino es con más razón que la de poner alas a tu propia libertad, que haz alcanzado y logrado en la comprensión de tus letras, y en el acto mismo de la clamorosa piedad, que te pide el reconciliarte con la manera que aprendiste tus letras, con todo aquello que ellas generosamente te han sabido proporcionar…

Elkin Páez Chingal

Septiembre 10 de 1998

 

 

 

 

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