CULTURA JUVENIL, CICLO DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN

CULTURA JUVENIL, CICLO DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN

Elkin Páez Chingal

Octubre 18 del 2000

“Las culturas juveniles pueden contemplarse como una metáfora del medio ambiente del que surgen, no es lo mismo ser un joven del campo o la ciudad, de un estrato más alto a uno más bajo, etc. Por otra parte, las culturas juveniles diseñan estrategias concretas de apropiación del espacio: construyen un territorio propio”[1].

“La memoria colectiva de cada generación de jóvenes evoca determinados lugares físicos (una esquina, un local de ocio, una zona de la ciudad). Asimismo la acción de los jóvenes sirve para redescubrir territorios urbanos olvidados o marginales, para dotar de nuevos significados a determinadas zonas de la ciudad, para humanizar plazas y calles”[2].

Cada que nace un niño es una nueva manera de ver el mundo y una nueva construcción y aporte a la torre de la evolución de la humanidad. Cada joven que crece hace parte de una nueva constitución de pensamiento que, por la cercanía entre una y otra brecha generacional producen conflicto, cada generación nueva que nace supera a la anterior en cuanto pretende no cometer los mismos errores o simplemente disfrutar mucho más de lo que lo hizo la anterior generación. ¿O a caso qué joven no ha entrado en conflicto con los adultos?. Todos hemos tenido esta misma dificultad.

El conflicto está en que este cúmulo de enfrentamientos se dan en un mismo espacio, en una misma época, en un mismo contexto. Los adultos pretenden orientar este nuevo pensamiento, pero cuando se hace de manera violenta o muy laxa o sin compromiso, genera en las nuevas generaciones un enfrentamiento y reacciones más violentas en contra de tales posiciones.

La lucha por marcar territorio y demostrar autoridad en los adultos y libertad en los jóvenes, que tienen una mente muy lúcida del mundo aunque insegura, hace que se den tan marcadas diferencias en las expresiones que una y otra generación tienen del mundo, creando entorno así, como lo plantea el documento, nuevas manifestaciones culturales. ¿Pero acaso el mundo y sus sociedades no han ido evolucionando por nuevas formas de pensarlo, sentirlo y vivirlo, siendo los pensamientos juveniles los que construyen el mundo que quieren habitar?. ¿Pero acaso los jóvenes no se hacen también adultos y juegan el papel importante de formar a las nuevas generaciones en el pensamiento que ellos tuvieron del mundo, además que se sienten impotentes cuando no lo logran?.

La situación como la investigó Freeman, me parece más válida cuando se observa que las manifestaciones culturales juveniles son algo natural, anexando, como proceso evolutivo de la humanidad. La dificultad y el punto central, se encuentra en el hecho de que ésta nueva expresión debe ir de la mano y orientada por la experiencia adulta. ¿Pero cómo hacerlo?.

Este si es un punto importante, ¿cómo unir dos o hasta cuatro generaciones que comparten el mismo espacio, tiempo y contexto?pueden convivir y aportar más al mundo desde una conciencia universal y de alteridad?. La educación y la formación son  el punto clave, pero ésta jamás será efectiva en la manera que no parta de la individualidad y particularidad de cada sujeto, pero con la conciencia clara de la eticidad que contribuya para que todos vivamos en este mundo, con conciencia de evolución sí, pero no de destrucción, de normas para la convivencia que ayuden a la libertad y desarrollo de cada ser humano.

Es claro que lo anterior es lo utópico, pero a su vez la única alternativa, pero en la que juega un papel importante el diálogo que pueden tener una generación a otra, que obviamente tienen sus propios espacios, pero que pertenece al espacio que todos comparten, por ello, más que imponer, es sensibilizar con las estrategias que se necesiten para saber que lo que alguien haga afecta a los otros.

Es un punto que corresponde a los adultos, por ser quienes tienen la experiencia, pero por sobretodo porque también fueron jóvenes y son concientes que estos últimos también tienen su aporte y quiere ser validado, en caso de que no se haga es lo que genera reacciones culturales en contra de todo y del resentimiento de no ser tenidos en cuenta en su propia época, buscando un espacio que solo les va a ser dado cuando sean adultos, repitiendo el ciclo violento de quererse imponer aún a costa del pensamiento de la nueva juventud que tiene que soportar sus insatisfacciones e inmadureces.

 


[1] Carles Feixa Pompols en el artículo de “La ciudad Invisible, Territorio de las culturas juveniles”.

[2] Ibid.

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