Mi colección literaria…Cuento…el día que…las cosas me dieron su mensaje

EL TENEDOR Y LA PUERTA

Mi colección literaria 1994

Cierto día sostenían una interesante pero agresiva conversación un viejo tenedor y la puerta de emergencia de un gran restaurante. –Tú no sirves para nada, eres un estorbo, te abandonaron aquí al ver que tenías amoríos con el óxido -. Decía la vieja puerta al tenedor. – Lo mismo pasa contigo, no te abren, no te limpian o te arreglan y solo causas molestias a los que pasan y se tropiezan contigo-. Le decía airado el oxidado tenedor.

 

Así estaban discutiendo cuando empezaron a escuchar gritos. – Auxilio, socorro, se está quemando el restaurante, vamos hacia la puerta de emergencia. En medio de tal tragedia, el orgullo de la puerta salió a flote y muy alegre le decía al tenedor. – Ya ves, yo soy más útil -. Y el tenedor lloró entonces al sentirse inútil.

 

– Pero y ¿dónde están las llaves? -, decía alguien desesperado alejando las llamas con un extintor. – ¿Qué hacemos entonces? -. Gritaban otros. Intentaron tumbar la puerta, pero por la falta de uso se hizo imposible. Las llamas se estaban acercando rápidamente, y debido a esto ocurrió lo que nadie se espera, lo inesperado, la casualidad de la vida y la oportunidad que llega para salvar vidas.

 

Y sucedió así, debido al fuerte calor la parrilla, en donde estaba el oxidado tenedor, se calentó de tal manera, que el tenedor pegó tal brinco de dolor quedando incrustado en la chapa de la puerta de emergencia.

 

Las personas que estaban intentando tumbar la puerta observaron el tenedor que estaba prendido en la chapa de la puerta, y sin importar el calor y el dolor del tenedor decidieron utilizarlo como palanca para abrir la vieja puerta, y como todo cuento trae su final feliz, las personas consiguieron abrir la puerta al punto que las llamas no les daban mas escapatoria.

 

Todo el mundo salió en tal alboroto y gritería de angustia y sofoco sin importarles el destino de la vieja puerta y el oxidado tenedor, quienes se dieron cuenta tardíamente que eran muy útiles al uno al otro.

 

Elkin Páez Ch 1992

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