UNA INVITACIÓN A QUE REFLEXIONEMOS EL POR QUÉ SOMOS SUJETOS ÉTICOS

CONFORMACIÓN DEL HOMBRE COMO SUJETO ÉTICO

 

INTRODUCCIÓN

Para nadie es extraño saber que el hombre es un sujeto ético, que se encuentra regido por normas, leyes y parámetros de vida, que regulan su actuar y comportamiento en medio del contexto en el cual se desenvuelve. Asimismo el hombre ha necesitado construir y valerse de dichas normas, valores y leyes para poder vivir y ser en este mundo; de otra manera se vería indefenso y supeditado a ser “otro más”, dominado por el universo, sin la conciencia plena de lo que es y significa el espacio que habita con la capacidad que tiene de transformarlo, bajo una libertad excepcional que lo hacen único ante las demás especies de la naturaleza con los que comparte esta “morada” . o .”Ethos”[1].

En este trabajo se tienen en cuenta los siguientes interrogantes, como ejes temáticos que permiten reflexionar el entorno ético del hombre en un contexto universal que ha propendido por el desarrollo humano, pero que a su vez se ha visto atacado por la manifestación de la violencia que reacciona en contra del objeto de estudio de la ética misma, “el ser del hombre en su morada.”.

Pero, ¿Cómo surge esa necesidad del hombre por implantarse a sí mismo normas y principios éticos? . ¿Esta conformación ética en el hombre es algo natural o una invención Convencional?

*      ¿Por qué el hombre llega a constituirse en un sujeto ético dentro del mundo?.

*      ¿Qué es en sí la ética y qué significado ha tenido para el hombre en su relación con la manera de ser y estar en el mundo? .

 

II. NATURALEZA ÉTICA DEL HOMBRE

Y SU ESTAR EN EL MUNDO

El hombre es un sujeto ético que, por la regulación de sus actos, va construyendo su propia naturaleza humana, ya que, a diferencia de los demás seres de la naturaleza no la posee, sino que debe construirla y determinarla, según su conciencia y estado de abstracción de su propio entorno y morada .

Como seres partícipes de este mundo, nos constituimos en una especie ética por dos razones fundamentales[2]:

1). Porque nos movemos en el mundo con un grado de libertad infinitamente mayor que cualquiera de las especies de la naturaleza, superamos los determinismos físicos o bióticos que las leyes naturales proporcionan a cada especie para responder a determinadas situaciones, como es el caso del mimetismo en los invertebrados, los picos de las aves, la agresividad y fiereza de los felinos, el cuello largo para alcanzar alimentos en la copa de los árboles y una infinidad de características biológicas a cuantas especies hay, que el ser humano, a diferencia de la naturaleza, desarrolla y apropia según sus necesidades y gusto.

Esta libertad para decidir sobre los actos que vamos a realizar para responder ante determinada situación, surge del hecho de ser nosotros la especie menos acabada de hacer y por lo mismo más abierta a muy variadas posibilidades de desarrollo, de completamos e intentar hacerlo mediante la adaptación e innovación ante cada situación, con respuestas hacia los otros de las cuales nos asombramos y nos vemos afectados por ellas, gracias a la gran libertad que tenemos de poder escoger y rectificar nuestros actos por la reflexión ética de los mismos.

2). Somos la única especie natural que tiene que dar cuenta de sus actos y justificar su conducta ante una sociedad en la que se constituye y se establece su morada.

Así pues, se puede decir que, la ética y la moral son inherentes a la vida del hombre como personas y como miembros constitutivos de una sociedad. Existe una compenetración entre hombre y naturaleza que establece de donde surgen las dos razones anteriores y fundamentales de por qué el hombre es un sujeto ético, y que pueden dar algunas pistas de donde surge la manifestación ética en el hombre, partiendo de la misma relación que se da entre hombre y Mundo.

 

La madre Tierra se extiende vaga y solitaria en la quietud y tranquilidad de sus designios ya establecidos. Sus especies internas    confluyen en         un mundo  mágico   de paisajes de ensueño,         de intercambios, simbiosis y cadenas alimentarlas, reguladas únicamente por las leyes de la naturaleza.

Una a otra especie son útiles entre sí y no necesitan más que dejarse atrapar por la gracia de una Creación que les dio la posibilidad de existencia e interacción, sin la mínima necesidad de pensar en el futuro, ni la preocupación de dictaminarse a sí misma normas para convivir o para alcanzar o construir sus proyectos de vida.

No existe entre la naturaleza parámetros, ni juicios de valor de bueno o malo; tan solo la vida misma regula y establece sus normas de supervivencia; y cualquier cambio que se arranque de tanta quietud y plenitud natural, se debe a las palpitaciones de la Madre Tierra, que origina montañas, mares, los surcos de los ríos con sus valles, dando una nueva ubicación a cada especie según su condición física ya establecida.

Por consiguiente, la naturaleza, en medio de su pluridiversidad de formas y manifestaciones, se encuentra ya determinada a un mundo que no puede escoger y que no hace consciente, sino que se asienta en un orden preestablecido desde la creación que lo regula todo y que no le deja más avance y transformación que la evolución de sus especies; a partir de cambios drásticos del mundo en que habita

 

¿Qsucede entonces con el hombre que igualmente hace parte de esta naturaleza?.

Surge de entre ella como un animal cualquiera, una especie como otra, que cohabita con las demás y que se rige por su instinto natural. Nace indefenso y desproporcionado en cualidades físicas para sobrevivir en este mundo indómito, pero con la gran diferencia que, su instinto natural, ha sido dotado de la racionalidad que lo lleva a optar por la posibilidad de no conformarse con solo estar en el mundo, como lo hacen las demás especies que se ven supeditadas a un orden establecido y acabado, sino que hace de su vida, la comprensión y reflexión de la manera de ser y estar en el mundo; crea su hábitat, su entorno, su Ethos; y pasa del instinto a la determinación del carácter y comportamiento propio de su actuar .

A diferencia de los demás seres de la naturaleza que aparecen con la plenitud de ser , el hombre con su racionalidad debe superar la barrera de la animalidad y encontrar a sí mismo aquello que es.

A diferencia de los demás seres que son acabados, el hombre es un ser inacabado. Su vida es un proceso en constante autoconstrucción por su autorrealización. El animal no puede salirse de los límites que le presenta la naturaleza. En cambio, el hombre a lo largo de toda la historia de la humanidad ha ido rompiendo sucesivamente todos los límites y los obstáculos que la naturaleza y el medio le han impuesto, para ubicarse a sí mismo en el espacio que crea conforme al desarrollo de su conciencia de lo que es ser y estar en el mundo, siendo este punto lo que busca hallar el estudio de la ética.

 

III. CONFIGURACIÓN ÉTICA DE LA PERSONA

Y SU SIGNIFICACIÓN

Después de saber que por naturaleza el hombre es un sujeto ético, tengamos en cuenta que el concepto de ética ha sido una creación cultural y se constituye como un problema del lenguaje para los griegos, quienes fueron los primeros en plantear esta problemática, que luego la retomaron los distintos filósofos hasta darle la connotación que en la actualidad tiene. Por ello en el tema siguiente analizaremos la configuración de la ética desde su etimología, como una manera más de reflexionar el sentido mismo que ha dado el hombre a esta palabra como un mecanismo para conducir y regir su vida a través de ella.

 

A.   ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICACIÓN GRIEGA

Tomemos como punto de partida, para abordar este tema, el concepto de la ética desde su etimología y significación:

La palabra ética procede del vocablo griego Ethos, que posee dos sentidos fundamentales :

1.  Según el primer sentido y más antigua concepción, significaba residencia, morada, lugar donde se habita. Se usaba, sobre todo en poesía, con referencia a los animales, para aludir a los lugares donde se crían y encuentran, a los de sus pastos y guaridas. Luego, se aplico a los pueblos y a los hombres en el sentido de su país y lugar de residencia dentro del Estado.

Esto lleva a definir la ética como la relación que tiene el hombre con su mundo y con los demás hombres con los cuales habita y coparticipa de esta morada que Sirve de residencia y hogar para sí mismo y muchas más especies.

La acepción de la palabra Ethos se ha visto filosóficamente prestigiada y resignificada en nuestro tiempo por filósofos de la talla de Heidegger , quien la concibe como el pensar que afirma la morada del hombre en el ser, la verdad del ser como elemento originario del hombre. Concepción que expuso en su Carta sobre el humanismo y donde nos hace notar que la ética para él, es lo mismo que Ontología o estudio del ser, pero añadiéndole un nuevo aspecto, como el estudio del ser desde su propia morada.

La concepción de la Ética como Morada, que ha sido retomada también por muchos autores modernos y contemporáneos, ya se había comenzado a ver desde las Categorías aristotélicas. Pero con un tinte especial, ya tenía en cuenta que, la relación de la ética con su acepción de “lugar” , no se refiere ahora al lugar exterior o país en que se vive, Sino del lugar que el hombre porta en sí mismo, de su actitud Interior, de su referencia a sí mismo y al mundo.  El Ethos es el suelo firme, el fundamento de la praxis, la raíz de la que brotan todos los actos humanos en su propia naturaleza.

La interpretación del Ethos como él “desde” del hombre es, parcial pero no arbitraria. Hay rastros de la Ética bajo esta acepción en Aristóteles y Zenón el estoico que sostienen que el Ethos es la fuente de la vida de la cual manan los actos singulares.

Pese a la anterior posición de la ética como lugar, la acepción del vocablo Ethos también atañe directamente a la ética, significa modo de ser o carácter.

2.  Siguiendo con el texto de Aranguren, pasa este a retomar a Xavier de Zubiri, quien ha precisado la significación de la ética como referente al Modo de ser y carácter de la persona con las siguientes palabras:

El vocablo Ethos tiene un sentido infinitamente más amplio que el que damos a la palabra ética. Lo ético comprende ante todo, las disposiciones del hombre en la vida, su carácter, sus costumbres y, naturalmente también lo moral. En realidad se podría traducir por modo o forma de vida, en el sentido hondo de la palabra, a diferencia de la simple “manera[3]” de ser.

En este sentido, la ética no solo busca determinar el modo de ser y estar del hombre en el mundo, sino que busca especificar bajo que carácter y costumbres ha de habitar dentro de este y cuál es la forma de vida que tiene que llevar dentro de dicha morada. Concepción esta que, como mencioné anteriormente, ha sido la más aplicada al objeto de estudio de la ética, ya no a la vida sino al carácter adquirido en ella.

Pero ahora retengamos y hagamos énfasis en lo que significa la palabra “carácter” dentro de la concepción de la ética; Carácter, pero no en el sentido biológico de “temperamento” , dado con las estructuras psicológicas, sino en el modo de ser o forma de vida que se va adquiriendo, apropiando, incorporando, a lo largo de la existencia.                                                                      

 

B.  APROPIACIÓN DEL ETHOS, CARÁCTER O PERSONALIDAD MORAL[4]

A la vida venimos con una naturaleza”, con un haber” dado por determinaciones biológicas o genéticas. Pero a lo largo de la vida conquistamos un carácter, un haber” por apropiación de la cultura, educación comportamientos particulares, y este “haber” es el que importa a la ética. Lo que se ha llegado a ser con lo que se era por naturaleza, es decir una especie o ser más en el universo, un objeto, un animal, y lo que en ella y sobre ella hemos impreso desde nuestra condición humana: el “carácter[5]“, nuestra personalidad y construcción de la sociedad.

El Carácter éticamente considerado es, la personalidad moral del sujeto, que configura su ser según su concepción de lo que es bueno o malo y que lo lleva a actuar según la regulación que le da su propia personalidad a todos sus actos, considerándolos apropiados o no a sus propios juicios.

¿Cómo acontece esta apropiación del carácter en la persona[6]?. Es la etimología      quien  nos         lo       dice, según hace    notar Aristóteles, recapitulado por Aranguren : Ëthos deriva de Ethos, lo cual quiere decir        que el carácter se logra mediante el habito, que   el       Ëthos no es         lo mismo que el phatos (Temperamento), dado por naturaleza, sino que adquirido    por         hábito         (virtud o vicio). El Ethos se      adquiere      mediante hábito, pero a su vez los hábitos nacen por repetición de actos iguales. Mas, recíprocamente, los hábitos constituyen el principio intrínseco de los actos, estableciéndose así un círculo ethos-hábitos-actos.

Ethos es carácter, acuñado e impreso en el alma por el hábito. Pero de otra parte, el Ethos es también, a través del hábito, fuente de los actos. Esta tensión, sin contradicción entre el Ethos como Kharakter y el ëthos como pegé -Unión- , definiría el ámbito conceptual de la idea central de la ética.

De lo anterior resultan entonces tres conceptos éticos griegos fundamentales desde los cuales se da la discusión respecto al objeto de estudio que pretende analizar la ética. Estos son los de ëthos -Morada, carácter-, el de éthos o Héxis – modo de ser y posesión – y uno nuevo, el de Energeia -Vivificación-. Según la Etimología, el fundamental, aquel del que deriva el nombre mismo de «ética» debe ser el primero. Y, sin embargo, la ética clásica y moderna se ha ocupado constantemente de !os actos morales y de los hábitos (Virtudes y Vidas), pero ha preferido el ethos. ¿Por qué? Tal vez la etimología latina ayude a explicar este extraño fen6meno. Pero antes de pasar a ello se debe esclarecer las nuevas dimensiones éticas que aporta la palabra Héxis.

La palabra héxis no es, ni mucho menos, sinónima de éthos. En primer lugar, porque antes de su sentido ético posee otro natural, que es el que hemos analizado hasta ahora, y según el cual significa “modo de ser” . Héxis en sí significa Modo de ser que uno posee (héxis significa también posesión). Aranguren retorna este término como «Talante», es decir el modo de vivir anímicamente el «atemperamiento» , <Temperamentum) sensitivo que uno adopta frente a la realidad, es también y aun primariamente, héxis, a diferencia de lo que hemos llamado actitud, y que se correspondería más bien con la diáthesis (actitud). El de energeia no se retoma porque simplemente hace relación a la fuerza que se le imprime a la vida, la energía más que el carácter que imprime la connotación misma de la palabra ética.

Para terminar con la configuración de la ética desde su etimología y significación que dio el hombre a este concepto, pasemos al planteamiento latino que nos da mayor argumentación al sentido mismo de la ética desde el planteamiento de José Luis Aranguren .

 

C.  DIFERENCIACIÓN ENTRE LA ÉTICA GRIEGA Y LA MORAL LATINA

En latín no hay una palabra para traducir ëthos y otra para traducir éthos, sino que ambas se expresan con la misma, “mos”. Esta indiferenciación verbal ha tenido gran influencia en una concepción ulterior de la ética, la concepción que ha prevalecido a lo largo de la historia como “moral – costumbres”, que es lo que expone Aranguren para argumentar la concepción ulterior adoptada desde el latín.

Pero naturalmente, el hecho de que solo exista una sola palabra latina “mos”, no significa que desde el principio se perdiesen sus distintas acepciones, claramente perceptibles en el latín clásico. Se ha visto ya que la obra moral del hombre parece consistir, al hilo de la etimología griega, en la adquisición de un modo de ser. Pero este modo de ser se logra y afirma gradualmente, por la naturaleza misma del hombre inacabada, libre, perfectible y adaptable, por lo cual se dan diferentes niveles de apropiación del hombre para adquirir su modo de ser a través de las costumbres.

El más bajo de los niveles para la apropiación de un modo de ser, sería el de phatos, o temperamento de donde se desprenden los sentimientos, porque, aunque son ciertamente propios de cada persona, son a su vez pasajeros y de cualquier modo, escasamente dependen de la voluntad propia, semejándonos a los animales que también los poseen, en cuanto son nuestras reacciones e instintos naturales para estar en el mundo y en cuanto nos son dados como a las demás especies.

Las costumbres significan ya un grado mucho más alto de posesión, pero no es el ideal, porque nos son dados por la cultura en la cual nos desarrollamos y formamos, haciéndonos, en grado superior a los animales que habitan en manadas y regidos por normas instintivas y dadas, pertenecer a una comunidad determinada que regula nuestros actos para la convivencia con costumbres predadas por el mismo hombre.

De alguna manera las costumbres garantizan nuestro estar en el mundo, permitiéndonos desarrollar nuestra manera de ser en el mismo a través de la adquisición de una serie de cualidades y hábitos adoptados convencionalmente o inspirados, que permiten establecer una buena relación y convivencia dentro del espacio que habitamos. Este aspecto responde al segundo punto de por qué el hombre es un sujeto ético, en cuanto tiene que justificar sus actos ante las costumbres determinadas por su comunidad.

Por encima de ellas, está el carácter, que constituye una impresión de rasgos en la persona misma: el carácter determina la personalidad que hemos conquistado a través de la vida, lo que hemos hecho de nosotros mismos, viviendo. Es decir, responde al primer argumento de por qué el hombre es un sujeto ético, en cuanto a que a sí mismo construye su propia vida y da razón de ser a su estar en el mundo.

La significación de mos o mores = moral, como “costumbre ­hábito” , es la más utilizada y la que acabó por prevalecer aún en nuestros días, aunque hay que tener en cuenta que esta palabra tiene dos acepciones.

El primer, Mos” con el sentido de carácter, se observa reiteradamente en un breve escrito que Aranguren retorna como ejemplo del “De amicita” de Cicerón, quien exponía el carácter como algo cambiante, (¿Qué diré de la dulzura de su carácter?); (Decía que frecuentemente cambian los caracteres ; tras haber probado el carácter de los amigos). El segundo, Mos, en su sentido plenior , significa, como ëthos, modo de ser o carácter. Pero se insiste que el carácter se adquiere por hábito, se adquiere viviendo.

Mos significa, también costumbre. Y, en fin, puede significar ocasionalmente “sentimientos”, porque constituyen una primera inclinación del hombre por aprovechar su libertad. Digamos ahora sin embargo, que la diferencia de sentido entre mos = ëthos y mos = éthos estaba amenazada desde el principio por la Identidad del vocablo. Es verdad, sigue Aranguren diciendo que, Santo Tomás continúa señalando agudamente la distinción, pero la verdad es que ya desde el mismo Aristóteles, la reflexión ética había comenzado a deslizarse desde el plano del ëthos al del éthe (héxeis), desde el plano del carácter moral al de su desgajamiento en los distintos hábitos (virtudes y vicios).

De tal manera que el concepto plenario de ëthos está presente en Aristóteles, pero solo de una manera latente y por eso únicamente un aristotelista, Sir W. David Ross, ha acertado a traducir ëthos – a veces cuando el griego no emplea exactamente esta palabra – por status of character, igualmente escribiendo sobre la importancia del concepto de carácter moral. Afirma Aranguren, que tal vez no sea una simple casualidad el hecho de que Teofrasto, haya escrito un libro titulado precisamente “los caracteres éticos”.

 

D.  CONFIGURACIÓN DEL CONCEPTO DE ÉTICA EN LA ACTUALIDAD

La Stoa antigua tendió a contener deslizamiento de las acepciones de la ética mediante tres conceptos:

 

*      El de ëthos como raíz o fuente de los actos, y que se ha hecho referencia anteriormente.

*      El de que el fin de la vida consiste en “vivir consecuentemente” (homologouménos), es decir, en inalterable, en constante conformidad consigo mismo.

*      Y el de la Unidad (pegue) fundamental de la virtud.

 

La especificación clara entre lo que representa la ética diferenciándola de la moral, se da en el deslizamiento que se acentúa después, dentro del área del latín, al prevalecer el sentido de mos como hábito. El mismo plural mores, traduciendo anormalmente un singular, y no solo gramatical sino, sobre todo, real, el singular éthos, ayudaba a la perdida del concepto fundamental de la Ética, el que le había dado su nombre mismo. Mos termina por perder su sentido plenior para significar habitus, que es más que éthos, pero menos que ëthos, aunque por otra parte, contenga una nueva dimensi6n, la de habitudo, que traduce el griego héxis.

Todas estas curiosidades etimológicas nos llevan a encontrar sentido al significado más actual, usual y simple adoptado por Savater[7] para diferenciar estos dos conceptos tan similares, pero con una connotación particular, entendiéndose como moral las costumbres y hábitos que se dan en determinado lugar o adoptado por una comunidad de personas, y ética como el estudio y regulación de estas costumbres que dan el sentido mismo de la moral.

 

Como conclusiones a este trabajo se pueden decir las siguientes:

*      El hombre no se conforma como un sujeto ético porque sea un ser de costumbres, de hábitos y reglas como se afirmó al principio, ya que esta definición corresponde más bien a la conformación del hombre como ser moral, según la conclusión a la que se llegó luego del rastreo etimológico a las palabras ética y moral.

*      El hombre se conforma como sujeto ético en la medida que es el único ser de la naturaleza que construye y reflexiona estas costumbres o hábitos caracterizados por la moral, como contribución a la construcción de su modo de ser dentro del mundo, es decir la reflexión que el hombre hace a su propio entorno, la manera como ha de habitar en él, y el carácter que ha de asumir para alcanzar su desarrollo humano inacabado.

*      Pasando al tema de la violencia, podemos definirla y analizarla como la manifestación del hombre desde su misma libertad y opción que nuestros días, aunque hay que tener en cuenta que esta palabra tiene dos acepciones.

*      Atenta, contra su desarrollo humano y que transgrede las normas y rumbo que otorga la reflexión ética.


 [1] ARANGUREN José Luis; Ética; Octava Impresión; Salamanca – España; ED Alianza Universal de       Textos, 1995, Pág. 21

[2] Lineamientos Pedagógicos para la formación ética. Ministerio de educación colombiana. Proyectos Educativos Institucionales para la Ley 115 de 1994.

[3] Ibid

[4] Cfr Aranguren, pg 292 – 293

[5] Ibid

[6] Ibid

[7] SAVATER Fernando, Ética para Amador.

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